Por qué «persona con discapacidad»

Reiteradamente vuelve la discusión sobre el uso de términos y lenguaje para referirse a la discapacidad. Existe consenso en los términos que NO se usan ya que claramente aportan una lectura negativa de la persona y una connotación de inferior condición que el resto. La historia, trasfondo social y político lo explica muy bien Integrados en su post “Entendiendo la discapacidad”. Copio acá lo que considero importante a la discusión que continúa:

«Por esta razón, al conjugarse una o más deficiencias con las barreras sociales y de entorno nace el concepto de Persona con Discapacidad y NO debemos decir: discapacitado/a, minusválido/a, inválido/a, lisiado/a ni menos con capacidades diferentes o especiales (no somos superhéroes) o con necesidades especiales (una persona damnificada también puede tenerlas).»

La discapacidad existe, estará y convive diariamente con las personas. Cuando se debe generalizar o explicitar la condición (si no puedo hablarles por su nombre propio) , prefiero llamarlas, “persona con discapacidad”, «estudiante con discapacidad», «niños con discapacidad», «adultos con discapacidad», etc.

Usar términos y generalizar en persona con “capacidades diferentes” o “con necesidades especiales” me parece que nos lleva a cubrir y entorpecer las soluciones a los problemas que enfrentan más que a resolverlos.

Las discapacidades físicas por ejemplo, resuelven o minimizan en parte la discapacidad con entornos y transporte diseñados con principios de diseño universal. Es al diseño y a la arquitectura a los que se le pide dar un paso adelante y renovarse para una sociedad que cambia.

Otras discapacidades requieren soluciones más técnicas, en áreas de educación por ejemplo, donde los programas y la formación de los profesores es la que debe entregar alternativas y cambios para las diferentes capacidades de los niños. Muchos de ellos no tienen necesidades especiales, son los modelos de educación, diseño, etc. los que deben hacer el cambio y apuntar a que las capacidades son variadas, no se estandarizan y todos tienen derecho a recibir una educación que cubra sus necesidades.

Excepciones, soluciones muy específicas  o especiales serán siempre necesarias, como en todo orden de cosas, pero el objetivo principal debe apuntar a que los modelos evolucionen y se pongan al día considerando nuestras diversas capacidades.

Soy madre de cuatro hijos, todos con «diferentes capacidades y necesidades» y los cuatro son «especiales» para mí. Dos de ellos son personas con discapacidad física, usuarios de silla de ruedas. Después de 28 años conviviendo con la discapacidad y con las ayudas técnicas que inundan un hogar, llegas a la conclusión que lo difícil es lograr que el medio externo se habitúe, permita y de las oportunidades de participación e inclusión. Quedaron muchas rampas, accesos y explicaciones en el camino, desde el jardín infantil hasta la educación superior. La discapacidad permanecerá, pero vislumbrar un entorno físico y social más amigable permite soñar con niños, estudiantes, trabajadores, padres y adultos con discapacidad que podrán vivir más fácilmente en un medio que se hace parte de su condiciones y no ellos luchando por entrar al medio con un costo económico, familiar y social que muy pocos pueden solventar.

No tengamos miedo a la palabra discapacidad, existe y estará siempre presente en nuestro entorno familiar y social.  Enfrentemos las soluciones que pueden aminorar el grado de discapacidad en las personas en todas las áreas en que nos toca participar e interactuar en nuestras vidas. Las personas no son ni especiales ni tienen capacidades diferentes, son personas con discapacidad que requieren de un cambio de mirada y actuar de los profesionales responsables del medio físico, comunicacional y educacional principalmente.

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