Destino 1 Puerto Octay – Diseñar sin accesibilidad
Visitamos la ciudad de Puerto Octay para conocer la accesibilidad de 2 espacios inaugurados recientemente: el Museo de motos (MUMO) y Galpones de Octay. Ambos lugares fueron promocionados en artículos de la revista VyD de El Mercurio el sábado 24 de enero.
Respecto a estos destinos es justo destacarlos como iniciativas culturales privadas. Invertir en museos, a partir de colecciones privadas y abrirlas a la comunidad constituye un aporte cultural relevante, un tremendo legado y aporte al país. ¡Nuestras felicitaciones a MUMO y Galpones de Octay por ese esfuerzo!
Museo de Motocicletas de Puerto Octay (MUMO)
El museo alberga más de 100 motocicletas que van desde el año 1906. Se emplaza sobre una colina, con una vista privilegiada sobre el lago Llanquihue y el volcán Osorno.
El recorrido permite disfrutar no solo de la colección de motos y sus historias, sino también de la estructura del galpón, donde la madera es protagonista, destacando el entramado de vigas en forma de rombos que cubren el cielo.
Diagnóstico
Sin embargo, nuestra visita tuvo un foco específico: evaluar el lugar desde la perspectiva de la accesibilidad universal. La conclusión fue clara, el diseño no evidenció voluntad ni intención de superar las obsoletas costumbres inaccesibles y generar espacios pensados con principios universales de acceso, circulación y uso.
Considerando las pendientes y las condiciones del terreno, habría sido perfectamente factible proyectar rutas accesibles desde los estacionamientos hacia el primer y segundo nivel del galpón. Lo que pudo concebirse desde el origen como un espacio basado en diseño universal —aprovechando el suave lomaje para resolver circulaciones exteriores e interiores continuas y seguras— terminó materializándose en rutas peatonales de ripio, accesos con peldaños, una entrada secundaria igualmente inaccesible, rampas que conducen a ventanales, ausencia total de servicios higiénicos accesibles y falta de información sobre accesibilidad, tanto en el lugar como en la web y redes sociales.
La alternativa que ofrecen para acceder en silla de ruedas no es razonable ni viable en la práctica. No se puede sacar a una persona de su silla de rueda, la persona debe poder llegar en forma autónoma hacia todos los recintos.
Nos retiramos con una amarga sensación y constatando una vez más que el diseño impide a algunas personas disfrutarlo en igualdad de condiciones. Y es particularmente lamentable, porque existen ex motoqueros, hoy usuarios de silla de ruedas, que sin duda habrían encontrado en este museo un espacio de memoria, identidad y disfrute.
Revisemos en terreno:

(Foto izq.) Ruta de ripio comunica los estacionamientos con la entrada finalizando en 7 peldaños. A continuación de un área plana una amplia rampa enfrenta el acceso (Foto der.). Una ruta hacia la izquierda hubiera permitido generar un itinerario accesible.

Vista desde el acceso del museo hacia los estacionamientos. Se aprecia la factibilidad de haber podido generar una ruta de condiciones accesibles hacia la entrada.

(Foto izq.) El “supuesto” acceso para personas en silla de ruedas por el extremo opuesto a la entrada principal. Curiosamente la rampa se inicia en el camino de ripio (material donde las ruedas de una silla se hunden al circular) y termina en un ventanal. La puerta se ubica a un costado del término de la rampa, con un desnivel para acceder. Seguimos sin entender que se intentó resolver acá. (Foto der.) Se ve un buggy y un camino ripiado que comunica al segundo nivel. Nos informaron que la solución al segundo nivel para personas en silla de ruedas es trasladarlas en ese vehículo.
No se entiende quién toma en brazos a la persona, la saca de su silla, la sube al carro, sube la silla (que pueden pesar entre 7 kg a 190 kg) y ¡repite el procedimiento 4 veces! Un cosa es clara: las personas no pueden ser sacadas de su silla de ruedas.

(Foto izq.) Escalera en el interior del galpón. En términos accesibles se recomienda un pasamanos que pueda ser “agarrado” por la mano y que acompañe de inicio a fin el recorrido (condición que se puede incorporar muy bien en cualquier diseño). Muy bien la iluminación a través de la escalera que es una ayuda para personas con baja visión para detectar el espacio de escalera. (Foto der.) Motos en el interior del segundo piso.
Este proyecto refleja una falta grave de responsabilidad profesional por parte del equipo de arquitectura. No se trata de un “detalle pendiente” ni de una mejora futura: se trata de errores de diseño, omisiones evidentes e infracciones a la normativa vigente de accesibilidad. En pleno siglo XXI, seguir proyectando espacios culturales sin accesibilidad universal no es ignorancia técnica, es una decisión consciente. Los arquitectos responsables no solo fallaron en cumplir la ley, sino también en ejercer su rol ético y social, normalizando la exclusión bajo el disfraz de una arquitectura bien fotografiada. Diseñar sin accesibilidad no es neutral: es excluir. Y esa exclusión tiene responsables con nombre y apellido profesional.
Sentimos finalizar de esta forma esta visita que se contrapone con los muchos halagos a la obra que hemos leído estos días en las RRSS. Nuestra mirada va más allá de los materiales y sus formas. Bajo los principios del diseño universal se incorpora la necesaria evaluación sobre como interactúa el usuario con el diseño y materialidad. Y en eso falla.
Próximo artículo: Galpones de Octay (allí nos fue mucho mejor!)
